En 1988 Alan Moore escribe La broma asesina . El título original The killing Joke, juega con un doble sentido que podría traducirse como “una broma para morirse de risa”. Llegó precedido de una gran expectación después de que el trabajo de Frank Miller le hubiera dado un nuevo empuje al personaje. Además, Moore venía de escribir la que es considerada una de las mejores obras del género de la que pronto habrá adaptación cinematográfica, Watchmen , por lo que estaba muy bien considerado. Finalmente, La broma asesina consiguió un considerable éxito comercial.
La historia se centra esencialmente en el Joker. Moore se permitió reescribir a su manera la génesis del personaje, mostrando las causas de su locura. Partiendo de esto, pudo adentrarse en la mente del villano más carismático del universo Batman. De hecho, la obra apenas contiene escenas de acción o de investigación. El motor de la historia se basa casi por completo en dos conceptos, la narración del pasado de Joker con su fatal conversión, y la reflexión acerca de la relación causa efecto en la formación de un psicópata.
Curiosamente, en ninguno de estos dos puntos está demasiado presente el personaje de Batman, que se limita a tomar el rol de héroe secundario ante un claro villano protagonista.
La reflexión principal que desarrolla Alan Moore se adentra en la eterna cuestión de si cualquier persona normal, sometida a determinados traumas y situaciones límite, puede convertirse en un psicópata. ¿Hay una asesino en todos nosotros? Y también, por supuesto, deja abierta la pregunta de cuánta medida de culpa recae en el propio individuo por dejarse arrastrar por su propia desgracia. ¿Es una justificación válida el pasado traumático? Moore se inclina por creer en el ser humano y en su capacidad para mantener su ética a pesar de las peores circunstancias.
Esta respuesta la encontramos encarnada en el que es, posiblemente, el personaje de más férreos principios éticos de todos lo que pueblan la ciudad de Gotham, el comisario Gordon. Naturalmente, una elección que no ha sido realizada al azar. De hecho, Moore se aprovecha de los arquetipos del cómic para exponer sus ideas. El héroe, el psicópata, el justo… Lejos de esconder esta idealización, la utiliza en su propio beneficio, como si estuviera escribiendo una fábula.
Quizá lo más interesante de la obra no es tanto el planteamiento en sí mismo sino la introspección dentro del villano que es quien está atormentado por estas mismas preguntas. Joker quiere justificarse a sí mismo, quiere confirmar que su terrible crueldad no es gratuita y no es él una persona esencialmente mala. Paradójicamente, en el intento de demostrarse eso a sí mismo y al mundo, acentúa más que nunca su crueldad más extrema.
Para representar todo esto, Moore no duda en aplicar las mayores cotas de sadismo que posiblemente se le han atribuido nunca a Joker. Se recrea en las escenas de tortura, especialmente la psicológica, que suponen gran parte de las viñetas de la obra. Además, en busca de una reflexión madura y de un sadismo sobrecogedor, Moore decide acentuar notablemente la seriedad en el tono de la historia. Como ejemplo curioso de esta intención, podemos comentar que las palabras “Batman” y “Joker” no son nombradas en ningún momento, tan sólo se pueden leer en una ocasión dentro de un monitor. Realmente, tanto Batman como Joker le son completamente innecesarios, sólo sirven a la voluntad de contar una historia sobre la locura. El lenguaje en general es mucho más serio de lo habitual, más creíble y en muchas ocasiones, cuando no es estrictamente necesario, no hay una sola palabra en las viñetas.


En cuanto a la forma, hay que decir que está cargada de detalles. La planificación parece casi cinematográfica. Podría tratarse de un storyboard perfectamente válido para una película. Se introducen numerosos planos puramente de transición y se huye de una narración clásica para jugar de una manera muy inteligente con los tiempos.
Juegos circulares, como el inicio con una viñeta de gotas de lluvia sobre un charco y una última viñeta idéntica. Quizá podríamos extraer de aquí la representación gráfica de una serie de pequeñas circunstancias que van golpeando de forma imperceptible pero incesante.
Otro ciclo que se cierra viene dado por el monólogo inicial del personaje de Batman que cae en saco roto y que después se repite “en off” adaptándose admirablemente a la nueva escena. Por un lado vemos de forma indirecta el tremendo fracaso de la pacificación de Batman y su rabia desesperada en contraste con la calma inicial, y por otro sirve a un nuevo juego de ritmos. Primero el lector puede avanzar de manera calmada en una introducción tranquila, y después aparece el mismo texto que ya conocemos cuando la acción se vuelve mucho más rápida.
Además, especialmente interesantes son los cambios entre la historia del pasado de Joker y la narración presente, que se funden con una suavidad impecable y que son, a veces, todo un ejercicio de paralelismo.
Es reseñable también la calidad del aspecto gráfico. Sin ser ostentoso, sino más bien sobrio, está cuidado con detalle y tiene mucho poder visual.
La caracterización de Joker que lleva a cabo el dibujante Brian Bolland está considerada una de las mejores, si no la mejor. Especialmente célebre es la viñeta en la que Joker definitivamente pierde la cabeza.

En definitiva, una de las mejores obras que ha inspirado el universo del hombre murciélago, tanto por su realización a nivel gráfico y narrativo, como por su concepto y contenido. Un punto de referencia, sin duda, para futuros trabajos – nacería el personaje del Oráculo en posteriores historias, a partir de la parálisis de Miss Gordon – y especialmente para confeccionar un personaje de Joker más sádico y menos circense.
Un nuevo Joker y un nuevo tono.