Los Comics de Batman - El hijo de los sueños

EL HIJO DE LOS SUEÑOS


Guión y dibujo: Kya Asamiya
Edición en inglés: Child of Dreams, DC Comics, 2003

El tributo de un fanático

Lo primero que nos llama la atención es, lógicamente, encontrarnos con un manga – los puristas me podrán matizar cuanto quieran, pero de eso estamos hablando – con Batman como protagonista, y no ya de una versión libre del personaje sino de un trabajo oficial, cuya versión inglesa es publicada por la propia DC Comics. Un híbrido entre Oriente y Occidente.


El japonés Kya Asamiya la escribe y la ilustra en un sobrio blanco y negro. Con una estética claramente manga, aunque dentro de un cierto control para que ésta pudiera ser una entrega consecuente de las aventuras del hombre murciélago que se pudiera vender en occidente. Asamiya es el responsable de Silent Moebius o Dark Angel , entre muchas. También se ha encargado de una versión de La amenaza fantasma . Con un tono voluntariosamente realista, escapa de ciertos excesos propios del estilo japonés, pero conserva las formas, los rostros, los despliegues espectaculares y algo de imaginería, especialmente en ese reverso oscuro de Batman que vemos al final.

A pesar de su particularidad, esta historia es escrupulosamente respetuosa con el universo de Batman. Con un argumento con gran carga detectivesca, como los Batman más clásicos, y los personajes más conocidos de Gotham a la cabeza, Joker, Dos Caras, Catwoman, etc. Sin embargo, Asamiya traslada la historia a su terreno dando el principal protagonismo a unos periodistas japoneses y llegando incluso a ambientar parte de los hechos en el mismo Tokio.



Asamiya se declara a sí mismo un fan del superhéroe desde que viera la película de Burton. Incluso, según parece posée una colección sobre el murciélago. Quien haya leído El hijo de los sueños sabrá lo mucho que puede estar relacionado con la propia trama. Y es que, el cómic no deja de ser un tributo de todo un fanático del señor de la noche, alguien que, como en la propia historia, desea ver a Batman luchando contra todos sus supervillanos más carismáticos y crea toda una trama compleja sólo para conseguirlo -el autor y el villano. El fanatismo es el gran motor de esta historia, ya desde su droga “fanático”. Fanáticos del universo Batman.

Asamiya vuelca sus propios sentimientos hacia el trabajo que orgullosamente está desempeñando sobre los personajes y el argumento, creando así uno de esos ricos espejos entre la obra y su creador. Asamiya es tanto el villano que está detrás de todo, como la periodista fascinada por el héroe de Gotham– ambos personajes japoneses.Tanto interesa el personaje de Batman al autor que lo convierte en el centro de la propia trama, no sólo como protagonista –no le basta con ello a nuestro villano Asamiya- sino como núcleo del argumento. La obra trata sobre Batman, concretamente sobre la fascinación que éste crea en la gente. Metabatman. Para colmo, asistimos a combates de Batman contra Batman.

Teniendo una mirada japonesa detrás no podía faltar toda una serie de elementos de actualidad y tecnología. Recordemos que la obra es bastante reciente. Para empezar la televisión, encarnada por los periodistas y por las muchas cámaras ocultas y videoconferencias que rodean al villano. No sólo ya en cuanto a la tecnología de video sino a la filosofía de la televisión. “Así debería ser la tv, entretenida” es una frase que podemos leer en una viñeta. La importancia mediática es importantísima aquí. Tan importante como el propio Batman. También está presente Internet, aunque de forma secundaria.

Al introducir los personajes japoneses, el autor abre un poco al mundo la figura del héroe, sin reducirla a su contexto en Gotham. ¿Cómo ve el resto del mundo al justiciero de la ciudad del crímen? ¿Cómo ven también a su identidad secreta, el multimillonario Bruce Wayne? Desde una nueva perspectiva, se nos cuenta una historia en la que existe precisamente eso, una nueva perspectiva. Todo un acierto convertir la singularidad de esta obra en parte del motor de la historia. Un cómic interesante que vale la pena descubrir.

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